Rostros de la búsqueda incansable

Detrás de las cifras de las víctimas de desaparición forzada en Medellín hay una cantidad profunda de dolientes que no se cansan de buscar a sus seres queridos.

Por Sara Marín y Jorge Zuluaga

Foto: Sara Marín

En Medellín hay varios grupos de familiares de víctimas de desaparición forzada que, día a día, luchan para que sus pérdidas no queden únicamente en la memoria de los cercanos, y que se resisten a dejar de buscar a pesar de los años. Algunas organizaciones que acompañan esos procesos son Mujeres caminando por la verdad, Madres de la Candelaria, Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), la Mesa Departamental de Víctimas y la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas.

En la ciudad, los registros de desaparición forzada se acercan a las tres mil víctimas desde 1985. De ellas, solo 357 han aparecido vivas. Sin embargo, la cantidad de personas impactadas por este delito es incontable, pues al número de desaparecidos habría que sumar los parientes que, desde la ciudad, buscan a sus familiares que desaparecieron en otras partes del país.

Estas son algunas historias de familiares de desaparecidos en Antioquia.


Luz Mery Velásquez

La última vez que Luz Mery Velásquez supo de su esposo fue el 24 de febrero de 2001. Su nombre era Julián Emilio Cataño y era ingeniero civil. Hacía 16 meses que trabajaba en la Central Hidroeléctrica Miel I de la constructora Odebretch, ubicada en Norcasia, Caldas. Luz Mery asegura que esta empresa le pagaba 30 millones de pesos mensuales a los paramilitares que operaban esa zona.

Preocupada, comenzó a buscar a su esposo. Las autoridades no la reconocieron como víctima porque, según ellos, no había paramilitarismo en esa zona y le atribuyeron la desaparición de Emilio a un lío de faldas. Luz Mery se encargó de investigar por su propia cuenta y una de las prostitutas de la zona le aseguró que Roque Isaza, segundo al mando de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, quería desaparecer a su esposo.

Cuatro años después, Isaza, en versión libre del proceso de Justicia y Paz, en el que los paramilitares se desmovilizaron, declaró que Julián Emilio fue picado y tirado al río sobre el que estaba construida la hidroeléctrica.

Hasta el día de hoy el Estado no ha reparado a Luz Mery por la desaparición y asesinato de su esposo.


Silvia Quintero

Silvia Quintero trabaja desde hace más de 24 años en la búsqueda de personas desaparecidas, motivada por el dolor y el sufrimiento que ha significado para las familias la desaparición de sus seres queridos a manos de diferentes grupos armados: guerrilla, Ejército y paramilitares.

Silvia es la actual directora de la Corporación Proyecto DES y su trabajo se enfoca en la capacitación y aprendizaje sobre toma de muestras de ADN. También hace parte de la Mesa Departamental de la Sociedad Civil y durante once años perteneció a la Asociación de familiares de Detenidos Desaparecidos (Asfades).

Tres de sus familiares han sido víctimas de desaparición forzada. El primero de ellos fue su hermano mayor, Luis Fernando Quintero Cano, quien fue desaparecido el 17 de septiembre de 1992, en Bello, Antioquia. Después de varios días su cuerpo fue hallado en la morgue del municipio con signos de tortura. Es el único de sus familiares que ha aparecido hasta el momento. 

El primero de marzo de 1995 su hermano Jaime Enrique Quintero, de 23 años, se presentó a la Brigada IV del Ejercito Nacional con la intención de definir su situación militar. De allí fue enviado a la Brigada XVII, ubicada en el municipio de Carepa, en el Urabá antioqueño. Nunca regresó.

El último caso fue el de su padre, Carlos Enrique Quintero Palacio quien desapareció en 1999 en el corregimiento San Miguel, en Sonsón, Antioquia.

El conocimiento que ha adquirido Silvia durante el proceso de búsqueda de sus seres queridos la ha motivado a ayudar otras víctimas del conflicto armado, incluyendo víctimas de desaparición forzada y desplazamiento.


Marleny Herrera

“A mí me dicen que no lo busque más, que a él ya lo mataron”. Así recuerda Marleny Herrera lo difícil que ha sido la búsqueda de su hijo Henry Saldarriaga, quien desapareció junto a su pareja, Luz González Rojas, en 2002. Ese mismo año desaparecieron 239 personas en Medellín.

Después de 17 años, Marleny no conoce el paradero de ninguno. Henry fue amenazado días antes de su desaparición. Ella recuerda que él le dijo que no lo buscara cuando fueran por él a cumplir su amenaza. 

Según Marleny, los responsables de la desaparición de su hijo fueron agentes de Estado, pero la prueba de esto es solo su testimonio.

Henry era el segundo de sus seis hijos. Cuando desapareció tenía 31 años y su pareja 45. Marleny exige que le digan la verdad sobre la desaparición de su hijo y se aferra a la esperanza de encontrar a “su muchacho” vivo o muerto.


Luz Elena Galeano

A Luz Elena Galeano le arrebataron a su esposo el 9 de diciembre de 2008 en la glorieta de San Juan con La 80, al occidente de Medellín.

Según le contaron personas que presenciaron el hecho, él se encontraba en un colectivo rumbo a su casa, ubicada en el sector Belencito (Comuna 13), y de allí lo bajaron hombres pertenecientes a grupos paramilitares y a la Fuerza Pública. Lo montaron a un vehículo gris y se lo llevaron. Su nombre era Luis Javier Laverde Salazar y trabajaba en venta y alquiler de propiedad raíz.

Después de esperar tres días, Luz Elena denunció en la Procuraduría. Sin embargo, ella cuenta que fue revictimizada porque los funcionarios la acusaron de mentirosa, se la llevaron para el Gaula y allanaron una de sus propiedades que estaba ubicada en Tolú. Al no encontrar nada la dejaron en libertad.

Hasta el día de hoy el proceso de investigación ha avanzado muy poco. “Cuando hay implicados agentes estatales es muy difícil establecer la verdad de lo que pasó”, señala.


María Elid Correa

María Elid Correa Toro es habitante del barrio Caicedo (Comuna 8) y perdió el rastro de su hijo, César Augusto Lemus Correa, el 20 de julio de 2005. Él tenía 18 años y trabajaba en una finca en el Bajo Cauca, propiedad de un vecino del barrio. María Elid desconoce el lugar exacto.

Después de conocer la noticia de la desaparición de su hijo, María Elid se fue durante un año a la zona para obtener información sobre él. Lo único que pudo saber fue que lo desapareció el Bloque 36 de la guerrilla de las Farc.

Durante un acto de perdón y reconciliación que la desmovilizada guerrilla en 2017 hizo en el museo Casa de la Memoria de Medellín, uno de los exguerrilleros, después de ver la foto del hijo de María Elid, reconoció su rostro pero dijo no saber qué había pasado con él.


María Oliva Vásquez Areiza

“Nosotros nos cansamos de buscar”. Con esta frase llena de resignación, María Oliva Vásquez describe el doloroso episodio que vivió con su familia a causa de la desaparición de uno de sus hermanos.

Su familia era numerosa, estaba conformada por 15 hermanos. El menor de ellos, Ángel Ernesto Vásquez, despareció hace más de 20 años en el municipio de San Andrés de Cuerquia, ubicado al Norte de Antioquia.

Lo buscaron por más de cinco meses pero el estrés y el dolor de la pérdida de su hermano menor causaron secuelas en el cuerpo de María Oliva que le generaron impedimentos para caminar, no se sintió capaz de continuar con la búsqueda.

Un día la familia de María Oliva recibió una noticia inesperada, los llamaban para que realizaran el reconocimiento de un cadáver encontrado en la vereda el Guamal, San Andrés de Cuerquia. Sin embargo, no lo reconocieron. “Ese no era el hermano de nosotros, nuestro hermano tenía una mancha de nacimiento en una pierna, y ese cadáver no”, recuerda.

Años después, su familia recibió un nuevo golpe: otro de sus hermanos desapareció. Su nombre era Leónidas de Jesús Vásquez Areiza y despareció en Medellín, cerca a la Plaza Minorista. Ya se había perdido antes en este mismo sector. “La primera vez lo buscamos y lo buscamos hasta que lo encontramos. La segunda vez no lo pudimos encontrar y ya se quedó perdido para siempre, ni vivo ni muerto apareció”, dice María Oliva.

La esposa e hijos de Leónidas tomaron la decisión de no hacer el denuncio porque se aferraban a la esperanza de que este apareciera, pero no fue así.  Hasta el día de hoy su familia no sabe qué pasó con él.


Santiago Serna

Santiago es de Briceño, un municipio ubicado al norte de Antioquia. José Adolfo Posada, el sobrino de uno de sus hermanos, fue asesinado en una vereda de este municipio en el año 2007 al frente de su casa. Según narra, los responsables fueron miembros del Ejército, quienes lo ejecutaron un martes santo. Su familia se enteró porque varias personas vieron cómo sucedió todo.

La madre de José Adolfo solicitó la entrega del cadáver pero lo única respuesta que recibió fueron amenazas, “A él lo enterraron donde quisieron. A la familia no le quisieron decir nunca donde estaba el cuerpo”, recuerda Santiago.

Nunca se realizó una denuncia por miedo a las represalias. Por esto José Adolfo no hace parte de la lista de 64 personas víctimas de desaparición forzada del municipio e Briceño entre 1985 y 2019.

“Lo único que se sabe es que el ejército lo asesinó y lo camufló como si fuera un guerrillero”, dice Santiago. Él mismo también fue víctima de secuestro por parte de las fuerzas militares. Estuvo retenido junto a otros habitantes de la vereda El Turco, de Briceño, por más de 14 horas. Logró salir gracias a un grupo de campesinos que realizó una protesta en contra de los abusos del Ejército en la zona,  pero un amigo cercano que pescaba con él sí fue asesinado ese día.

“En la vereda El Turco, el Ejército  asesinó aproximadamente nueve campesinos, yo casi hago parte de esa lista”, dice Santiago mientras recuerda que un militar casi se gana unas vacaciones con la muerte él pero “no se pudo”.

Gladys Piedrahita

“Si la guerra me arrebató a una hermana, yo le pude arrebatar mis hijos a la guerra”. Así resume Gladys la historia que ha vivido después de la desaparición de su hermana, Beatriz Amparo Piedrahita, una líder social nacida en el municipio de Granada, en el Oriente antioqueño.

La hermana de Gladys trabajaba en conjunto con varias organizaciones de derechos humanos en esa región cuando la desaparecieron.

El 3 de noviembre de 1999, en la canalización del Estadio cercana a la IV Brigada (Comuna 11 de Medellín), miembros de las autodefensas interceptaron el carro en el que se transportaba Beatriz, la obligaron a salir y se la llevaron. Después de ese momento no se supo más de ella.

Gladys se encontraba en su casa, en el barrio Santa Mónica, cuidando a las tres hijas de su hermana. A los pocos minutos de la desaparición recibió la noticia cuando la Policía tocó la puerta de su casa y le informó lo que había pasado con su hermana.

Después de esperar las 72 horas que en 1999 eran requeridas por las autoridades para reportar una desaparición, Gladys, con la ayuda de Asociación de familiares de detenidos desaparecidos (Asfaddes), hizo las respectivas denuncias y se abrió la investigación que fue cerrada a los dos años por falta de información.

Adicional a sus tres hijas,  Gladys se apersonó de la crianza de las tres hijas de su hermana. A cada una se encargó de brindarle los cuidados y el amor de una madre mientras su hermana aparecía. Han pasado 20 años y ese momento no ha llegado.

A pesar de la incertidumbre de no encontrar a su hermana, Gladys dice que le agradece a Dios por regalarle otras tres hijas a quienes pudo sacar adelante y de las cuales hoy se siente completamente orgullosa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s